ORACULO MANUAL Y ARTE DE PRUDENCIA BALTASAR GRACIAN PDF

Con licencia. He admirado en tan poco cuerpo tanta alma. Siempre tuve por dificultosa el Arte de Prudencia, pero quien supo hallar reglas a la Agudeza pudo encargar preceptos a la Cordura. Ni es escollo de las christianas costumbres, sino un discreto realce de las acciones, en quien el Ingenio admire lo que el Juizio logre. Marta R. Pretende no parecer imposible en copia de preceptos, a vista de su original en execuciones.

Author:Tugis Zulkisida
Country:New Zealand
Language:English (Spanish)
Genre:Environment
Published (Last):14 September 2008
Pages:341
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Ms se precisa boy para se r sabio c. No basta ser inteligente, se precisa la predisposicin del carcter. La mala suerte del necio es errar la voca- cin en el estado,!. Los acier- t0s adquieren valor por la admiracin que provoca la r. N o descubrirse inmediatamente produce curiosidad: especialmente cuando el puesto es importante surge la expectacin general.

El misterio en todo, por su mismo secreto, provoca veneracin. Incluso al darse a entender se debe buir de la franqueza. Tampoco en el trato se deben dejar ver los pensamientos nlimos a todos. El silencio recatado es el refugio de la cordura. No se estima una decisin si se hace pbli ca, y ai exponerse a la crtica, si es negativa, la mala suerle doble.

Es mejor imitar el divino para man- tener a los hombres atentos y vigilant es. Tanto es uno cuanto sabe, y el sabio lodo lo puede. Un hombre sin conocimientos es un mundo a oscuras. Es necesario tener ojos y manos, es decir, juicio y fortaleza. Sin valor es estril la sabidura. No hace sagrada la ima- gen el que la pinta y adorna, sino el que la adora. El sagaz prefiere los lie. La esperanza corts tiene buena memoria, pero el agradecimiento vulgar es olvidadizo y es un error confiar en l.

Ms se saca de la dependencia que de la cortesa; el satisfecho vuelve inmediatamente las espal- das a la fuente, y la naranja exprimida cae del oro al lodo: acabada la dependenci a acaba la corresponden- cia, y con ella la estima. La primera leccin de la experiencia debe ser entretenerla, pero no satisfacer- la; :ts se conserva siempre la depenclencia que los dems tienen, incluso la del rey.

Esto se conoce en lo elevado del gusto, en la pureza de la inte- ligencia, en lo maduro del juicio, en la limpieza de la voluntad. Al gu nos nunca llegan a ser cabales, siem- pre les falta algo; otros tardan en hacerse.

El hombre consumado, sabio en dichos, cuerdo en hechos, es admitido, e incluso deseado, en el grupo singular de l os discretos. Toda derrota es odi osa, v si es sobre el jefe o es necia o es fatal.

Siem- pre fue odinda la superioridad, y ms por los supe- riores. La cautela suele encubrir las ventajas ms comunes, como disimular la bell eza con el desalio. Ser f cil hallar quien quiera ceder en xito y en cer.

Es ste el atributo rey y por eso cualquier cri- men contra l fue de lesa majestad. Ellos son pode- rosos y quieren serlo en lo ms importante.

A los prnc ipes les gusta ser ayudados, pero no excedidos, y es mejor que el aviso teng:! Su misma superioridad le libra de la esclavitnd a las. No hay mayor seoro que el de s mismo, de las propias pasiones. Es el triunfo de la voluntad. Y si la pasin puede afectar a lo personal, nunca alcance lo laboral, y menos an cuanto mayor sea.

Esta es la forma inte- ligente de ahorrar disgustos y de lograr reputacin pronto y f. El agua partici - pa de las cualidades, buenas o malas, de los lechos por donde pasa, y el hombre participa de las del clima del lugar donde nace.

Unos ms que otros estn en deuda con sus patrias, pues les toc all un cielo ms favorable. Ninguna nacin se escapa de algn defec- to innato, incluso la ms culta, defecto que censuran los Estados vecinos como cautela o como consuelo. Corregir, o por lo menos disimular, estos Jefectos es un triunfo; con ello se consi gue el plausible crdito de nico enlre los suyos, pues siempre se es tima ms lo que menos se espera.

Hay tambi n defectos de familia, de estado, de ocupacin y de edad; si coin- ciden todos en un sujeto, y no se previenen con pru- dencia, crean un monstruo intolerable. Lo que tiene de incons- tante la una, tiene de firme la otra. La primera sirve para vivir, la segunda para despus; aqulla acta con- tra la envidia, sta contra el olvido. La fortuna se desea , y a veces uno mismo se ayuda a co nseguirla; la fama slo se obtiene por esfuerzo propio. El deseo de obtener reputacin nace de la virtud, es decir, de poder adua r.

La fama fue y es hermana de gigant es ; se mueve siemnre en los extren1os: o monstruos o pro- di gios, o rec. El trato ami. Hay que bacer de los amigos, maestros, y compenetrar lo til del aprendi- zaje -con lo gustoso de la conversacin. Debe alternarse el plac er con los ent endidos , pues as se disfruta lo que se di ce con el aplauso con que se recibe, y se disfruta lo que se oye con la enseanza.

Habitualmente la conveniencia propia nos lleva a otra persona, y as se e nnoblece. E l prudent e frecu enta las casas de los lwmbre emin entes, pues son escenarios de grandeza que palacios de la vanidad. No hay belleza sin ayuda, ni perfeccin que no parezca br- bara sin la participacin del arte: socorre lo malo y per- fecciona lo bueno. Comnmente la naturaleza nos deja cuando menos lo esperamos: acojmonos al arte.

El mejor natural es inculto sin el y les falta la mitad a las perfecciones si les falta la cultura. Todo 1-wmbre parece tosco sin el arte. Es necesario pulirse para alcanzar la perfecc in. La vitla dellwmbrc es mili cia contra la malicia del bombre : la sagacidad pelea con estrata- gemas de mala intencin. Apa- rece entonces la advertencia y, al entender la intencin del otro, descubre las tinieblas revestidas de la luz; descifra la intencin, ms solapada cuanto ms sen- ci lla.

As combate la astucia de Pitn 1 didez de los penetrantes rayos de Apolo. N o basta la sustancia, , tambin se necesita la circunstancia. Los malos modos lntlo lu C rrompen, hasta la justicia y la razn. Los hue- nos todo lo remedian: doran el no, endulzan la ver- dad y hermosean la misma vejez.

En las cosas tiene gran parte el cmo. Las maneras simpticas son el lalir de los gustos. Lo ms estimado en la vida es un comportamiento corts. Hablar y portarse de buen l! Parnaso, Apolo mal co n sus Oechas al dragn Piln.

Es una gran suerte de los poderosos acompaarse de hombres de gran entendimiento que les saquen de todos los pro- blemas causados por la ignorancia y que incluso pe- leen por ellos las luchas ms difciles. Es una singular grandeza servirse de sabios.

Esto supera el brbaro gusto de Tigranes , quien deseaba convertir en cria- dos a los reyes vencidos. Es mucho mejor otro tipo de dominio: transformar, por arte, en nuestros servido- res a los que la naturaleza hizo superiores en inteli- gencia. Hay mucho que saber y la vida es corta, y no se vive si no se sabe. Es, pues, una singular hahilidatl aprender sin esfuerzo, aprender mucho de muchos, sabiendo tanto como todos.

Despus habla por muchos en una reunin, pues por su boca l1ablan tanto,; :;abios como le prepararon, consiguiendo as, con sudor ajeno, fama de orculo. Las inteligencias auxiliares pri- mero eligen la leccin, y despus le sirven el saber en quintaesencias. Pero el que no pudiera alcanzar a tener la sabidura en se rvidumbre, que la alcance en la amistad. Un buen entendimiento casado con una mala voluntad fue siempre una violacin monstruosa.

La intencin malvola es un veneno de las perfecciones y, ayudada del saber, daa con mayor sutileza. Es una ciencia sin seso, una doble locura. No obrar s As se confunde a los dems, especialment e si son competidores. No bay que obrar siempre de pri- mera intencin, pues nos captar la rutina y se anti- ciparn y frustrarn las acciones.

Es ms fcil matar al ave que tiene un vuelo uniforme que a la que luer- ce su trayectoria. Tampoco bay que actuar siempre lle seg unda intencin, p ues entendern la trela cuan- Jo se repita.

La malicia est acecbando la ocasn y se necesita gran sutileza para despistarla. El jugador nunca mueve la pieza que el contrario espera, y menos an la que desea. No hay eminencia sin ambas, y si concurren la eminencia es an mayor. Es mejor conseguir una mediana con aplicacin que una superioridad ;in ella. La reputacin se compra con trabajo: poco vale lo que poco cuesta. Incluso para las ms altas ocupaciones se dese en algunos la aplica- cin. Raras veces es independiente del carcter.

Se puede entender el no destacar en una ocupacin baja por 4uerer ser mediocre en un empleo ms alto. Pero no hay excusa para quien se contenta con ser media- no en la ltima ocupacin pudiendo ser excelente en la ms all.

Se pues, naturaleza y arte, junto con aplicacin. Es un. Lo real nunca puede alcanzar a lo imaginado, porque im. La imaginacin se casa con el deseo y siempre concibe mucho 1ns de lo que las cosas son. Por grandes que sean las exce- lencias no hastan pa ra sa tisface r la idea previa. Al ilusionar las excelencias con una expectacin exorbi- tante, decepcional! La esperanza es 1 1 una gran de la verdad.

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Baltasar Gracián El arte de la prudencia. Oráculo manual

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