EL ENTIERRO DE CORTIJO EDGARDO RODRIGUEZ JULIA PDF

Walter Benjamin El ensayo narrativo de Edgardo Rodriguez Julia, que ofrece su testimonio del entierro multitudinario de Rafael Cortijo, inevitablemente invoca, al unir un tema fiinebre y una reflexi6n sobre el destino de la cultura de Puerto Rico, la conocida constelaci6n de metiforas de enfermedad y muerte manejadas por quienes en el pasado han hecho similares reflexiones. Y la obra de Edgardo Rodriguez Julia resalta porque, ademds de no compartir las perspectivas de los escritores mencionados, traspasa el empleo ret6rico de metAforas mortuorias, y visualiza, no el hecho cultural como manifestaci6n de la muerte, sino la muerte como acontecimiento cultural. Palpa, arafz del deceso de uno de nuestros creadores culturales, lo que llama "el desgarramiento multiple del pafs,lasfisuras que ya pronto dolerin". Rio Piedras: Edil,

Author:Ditaur Mezishicage
Country:Ecuador
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):18 March 2016
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Walter Benjamin El ensayo narrativo de Edgardo Rodriguez Julia, que ofrece su testimonio del entierro multitudinario de Rafael Cortijo, inevitablemente invoca, al unir un tema fiinebre y una reflexi6n sobre el destino de la cultura de Puerto Rico, la conocida constelaci6n de metiforas de enfermedad y muerte manejadas por quienes en el pasado han hecho similares reflexiones.

Y la obra de Edgardo Rodriguez Julia resalta porque, ademds de no compartir las perspectivas de los escritores mencionados, traspasa el empleo ret6rico de metAforas mortuorias, y visualiza, no el hecho cultural como manifestaci6n de la muerte, sino la muerte como acontecimiento cultural.

Palpa, arafz del deceso de uno de nuestros creadores culturales, lo que llama "el desgarramiento multiple del pafs,lasfisuras que ya pronto dolerin". Rio Piedras: Edil, Pedreira , Rio Piedras: HuracAn, La primera, Las tribulaciones de Jonis , explora sobre todo el significado que cobra en la imaginaci6n de nuestro pueblo la figura de Luis Muioz Marin, mAximo propulsor del populismo colonial de mediados de siglo.

La segunda cr6nica, El entierrode Cortijo,sobrepasalafigura desaparecida y profundizala interrogaci6n sobre la realidad cultural de Puerto Rico iniciada en la anterior. La descripci6n de la procesi6n finebre del gran compositor propone una lectura de la ruta cultural del Puerto Rico contemporaneo. Al testimoniar el progreso del cortejo, el escritor intenta construir una alegoria cuyas conexiones verticales y horizontales se desplazan, donde los signos consolidados en un punto se desvanecen en el otro frente a la temeridad semi6tica de los innumerables personajes que integran el acontecimiento.

Conviene declarar, a traves de una versi6n reporteril, los sucesos del rito finebre realizado por la multitud, que el seis de octubre de acompafi6 el cuerpo de Rafael Cortijo Verdejo al Cementerio de Villa Palmeras en la zona capital de Puerto Rico. Es una versi6n empirica de un reportero extranjero, que neutraliza la semiosis conflictiva que sera indagada por el discurso simb6lico de nuestro narrador: Aproximadamente Tres limosinas cargadas de flores encabezaron la marcha a lo largo de las calles Providencia y Puerto Rico en Santurce.

Tras ellos, en un cami6n, iban los Pleneros de la Calle Loiza tocando las canciones de Cortijo Los niios salian de los salones de clase y se aglomeraban contra las cercas para alcanzar a ver el f6retro y a los mlsicos. Varios en la multitud tomaban parejas y bailaban al ritmo de la misica; cada nmero extraf a vitores de reconocimiento al comenzar S61o cuando la bandera puertorriquefia fue desplegada sobre el f6retro y algunos comenzaron a cantar la Borinquefia, la muchedumbre se aquiet6 y enton6 el himno nacional.

Pero poco despu6s "El bomb6n de Elena" sonaba en los altoparlantes ante un entusiasta aplauso. Era el primer 6xito musical de Cortijo, el nimero introductorio de cada actuaci6n suya. La gente comenz6 a bailar bomba y plena dentro y fuera del cementerio, lo cual se 7 prolong6 hasta mucho despu6s del fin del acto.

Independientemente de la visi6n personal del reportero, y a pesar de la claridad descriptiva lograda, la prosa periodistica impide puntualizar la resistencia sociocultural planteada por este funeral extraordinariamente 6 La renuncia del hdroe Baltasary La noche oscura del Niino Aviles.

La traducci6n es nuestra. Siglos despuds de los repetidos concilios, sermones y decretos con que las civilizaciones europeas prohibieron bailar en entierros y camposantos, cobra impulso masivo dicha practica, aquf sustentada en el arraigo de nuestra producci6n musical afroantillana.

Una tradici6n oprimida, que s6lo mantiene una presencia sinuosa y discontinua en nuestro pais pero que, por otra parte, no se ha limitado necesariamente al baquind de infantes ,8 resurge en una acci6n de masas, sin que sea absorbida por el discurso de los medios informativos como otra cosa que una novedad folkl6rica: cosa de "niios grandes".

Edgardo Rodriguez Julia es nuestro cronista de la multitud. Desarrolla como pocos el tenor aleg6rico que en la literatura ha cobrado la inmersi6n del intelectual en la multitud. Hist6ricamente, a raiz de esa inmersi6n, el escritor siempre ha propuesto un caso enigmatico, suscitado por su papel de peregrino ante quien desfila la confusi6n social misma, en la cual debe leer o escribir la galeria de tipos, figuras, virtudes, vicios, fuerzas e intereses que deletrean la SOCIEDAD CIVIL.

No importa que esta proyecte una utopia, distopia o sociedad "realmente existente". Alli, frente al fen6meno de la multitud, el escritor hallala oportunidad irrenunciable de oficiar lavoz memorial y profetica de su escritura.

Congrega entonces los ingredientes aleg6ricos con que cifra su enigma de lo social: el testigo el escritor , el agente demonfaco que fija o desplaza las mascaras del sentido la multitud y las mascaras mismas los rostros del "cosmos". Sus Iluminaciones hablan de la multitud convocada a ningin sitio, en mil itinerarios, por la circulaci6n de la mercancia en la sociedad capitalista, fen6meno que hace a Baudelaire enunciar, "El placer de estar en las multitudes es unaexpresi6n misteriosa del goce porlamultiplicaci6n del namero";" yblandir, 8 Falta por hacer un estudio cientifico del desarrollo de esta forma cultural en la actualidad.

Estas y otras fuentes mAs especializadas demuestran c6mo la tradicidn pasada de los ritos afronegroides de la muerte en Puerto Rico exhibe ciertos paralelismos con respecto a Am6rica Latina y al Caribe. En Lukacs Estdtica. Tomo 4 Barcelona: Grijalbo, y ss. Frase entendible en el escritor, intrigado al sentir loque Benjamin llama el "escalofrio de la economia mercantil" Iluminaciones II, , el cual se agudiza en cuanto la posici6n social del escritor hace cada vez ms evidente la naturaleza mercantil de su fuerza de trabajo.

No es un misterio para nadie que la ciudad reine las mercancias, amontona los cuerpos y aisla los seres humanos, vista desde el flanco de su negatividad hist6rica. Mas o menos asi la ve, "flaneur" a callejero revolucionario, Federico Engels, citado tambidn por Benjamin.

Engels pondera en su descripci6n de una multitud callejera el espectdculo de esa centralizaci6n colosal, ese amontonamiento de tres millones y medio de hombres en un solo punto [que] ha centuplicado la fuerza de esos tres millones y medio, -pero advierte c6mo-- cientos de fuerzas que dormitaban en ellos han permanecido inactivas, han sido reprimidas", dada "la indiferencia brutal, el aislamiento insensible de cada uno de ellos en sus intereses privados" Iluminaciones El siguiente comentario de Benjamin aproxima ain mds nuestro trazo al tipo de manifestaci6n multitudinaria explorada por el texto de Rodriguez Julia.

Analiza asi la aglomeraci6n callejera espontAnea mistificada primero por un Victor Hugo y anulada por el totalitarismo nazi en la 4poca en que escribia: Una calle, un incendio, un accidente de trdfico rednen a gentes libres de determinaci6n de clase. Se presentan como aglomeraciones concretas; pero socialmente siguen siendo abstractas, esto es, que permanecen aisladas en sus intereses privados. Muchas veces esas aglomeraciones tienen s61o una existencia estadistica.

Queda en ellas oculto lo que constituye su monstruosidad, a saber: la masificaci6n de personas privadas por medio del azar de sus intereses privados. Si esas aglomeraciones legan a saltar a la vista y de ello se cuidan los Estados totalitarios en cuanto hacen obligatoria y permanente para todo prop6sito la masificaci6n de sus clientes , sale claramente a la luz su carActer ambiguo Iluminaciones II, 79 Por su parte, el rito finebre intentaria una aglomeraci6n social motivada, de tendencia contrariaal encuentro azaroso arriba descrito.

Es unaaglomeraci6n posterior al accidente de la muerte que instala el interds privado dentro de la crisis colectiva desatada por la presencia del muerto en tanto colapso del cuerpo humano como significante vital.

Paris: Aubier Montaigne, Referimos las distinciones conceptuales aquf empleadas a esta gramdtica de la muerte. Pero la aprehensi6n de la tendencia solidaria de un rito concreto, como el que redne espontaneamente una muchedumbre en Puerto Rico hoy, seria estdril si no se tomara en cuenta la particular forma hist6rica en que esta transido de la alienaci6n que los escritos de Benjamin advierten y que el propio Rodriguez Julia palpa en su testimonio.

Su cr6nica del entierro de Cortijo explora justo la lucha entre rito y masificaci6n, tradici6n y olvido en el caos del acontecimiento piblico islefio. Cuando penetra en la multitud del entierro, el narrador ya no es el flaneur de lamodernidad europea sino un novelero "inteligente" seg6n se autodenomina con ironia. Participa en la "cosa comin" que une a la mayoria del cortejo en mezcla de duelo y afici6n novelera.

Pero no deja de introducirse en el relato como intdrprete de la alegoria, cuyas reflexiones testimoniales proveen la guia anag6gica del enigma. Esta adentro y esta afuera, respondiendo al particular cronotopo13 de su ensayo narrativo: la inmersi6n del intelectual en la multitud como testigo inmediato de sus rumbos y errares.

Llega al barrio semi-proletario de la ciudad donde se origina el entierro convencido de que debe adoptar "nuevas categorias para describir esto" Entierro85 , en funci6n de una perspectiva que ira definiendo a lo largo del relato como visi6n desde el interior y a la vez distanciada con respecto al acontecimiento, y por tanto, irremediablemente conflictiva.

Ahora quiero ungolpe de vista que sea capaz de resumir toda esta complejidad. Pero ocurre que la multitud resulta incapaz de posar. Una multitudjams asume pose, a menos que se trate de los "rallies" nazis de Nuremberg No, es imposible, tendr6 que volver a los rostros, a los individuos, para que esto signifique algo Entierro Debe permanecer en el inenarrable tiempo y lugar de la multitud, captando y descartando emblemas, percibiendo los "golpes de vista" que cifran la alegoria, pero renunciando al encuadre fotografico que quebrariala escena con un "shock" de fijeza.

El cronotopo es un motivo espacial y temporal que centraliza la representaci6n narrativa. El vocablo fue tomado por Bakhtin de las ciencias fisicas. Se produce el efecto ilusorio de que quien narra discurre sobre lo que describe en el momento mismo en que participa en el entierro.

El monologo casi ensayistico del narrador aparece como flujo de conciencia que acompafia la percepci6n de los hechos descritos. Resulta un habla interior, simultinea a los estados de mundo exteriores, que desafia la brecha entre el tiempo de la historia, y el tiempo de la narraci6n y pretende sustituir toda tecnologfa de registro directo: Morenos, morenos por todos lados y s6lo una Mont Blanc para escribir No, el oficio de cronista dieciochesco me lo prohibe: ni siquiera una libreta, ni una grabadora, tampoco una cAmara Minox.

Prefiero escribir la cr6nica pasAndola s6lo porel ojo y elofdo, soytercamente subdesarrollado, basta con escribir al otro dia, cuando la memoria ain conserva frescos los detalles. El filtro del cronista es la memoria, la personal y la colectiva, tambi6n los prejuicios, ipor qu6 no? El entierro, Este pasaje yuxtapone el tiempo en que se escribe y el tiempo en que se presencia el acontecimiento.

La primera frase contiene una percepci6n radicada en el tiempo del acontecimiento, pero la segunda traslada el suspenso al acto de la escritura. La oposici6n ir6nica de "morenos"y "MontBlanc"refuerzael contraste temporal con connotaciones raciales. Quedan entrecruzadas, la perspectiva del testigo que presencia los hechos y la perspectiva del escritor que, frente a su maquina de escribir, batalla contralaradical ausencia del acontecimiento.

Esta 6ltima se distancia aun mis dentro de la connotada pertenencia a la esfera cultural "blanca" o blanqueada. Pero el suspenso a6na los instantes de la calle y el escritorio: "ya se perfila que esta cr6nica sera el encuentro de muchos cruces hist6ricos" El entierro -- afirma el narrador, aludiendo tanto al orden de hechos por desarrollarse, desde su punto de vista de personaje de la historia, como al texto por revelarse, desde su punto de vista de autor que lo presenta.

Confunde acontecimiento, escriturayhastalectura, con anticipaciones ambiguas; descarta hAbilmente la visi6n posterior del narrador hist6rico; salva en fin la distancia "entre el momento vivido y la cr6nica escrita", trasponidndola a la inmediatez de la lectura en la forma de suspenso. La entrada al sector de Llorens Torres se anuncia como par6dico descenso de un "blanquito" conspicuo Entierro15 al "averno" semiproletario, "terrible extensi6n mitica", donde "loscuentos son terribles" Entierro12 , expresiones ir6nicas que designan el supuesto barrio maldito de la urbe colonial, poblado de borrosas estirpes.

Alli el narrador se precipita en la multiple confusi6n de entierro espectAculo de la que en algunamedida participan todos los concurrentes. Las diferentes "tomas" para proseguir con las analogias fotograficas del texto presentan, junto al sincretismo creador de algunos gestos, el puro caos de la masificaci6n urbana: "un ir y venir de actitudes encontradas, casi extrafias a eso que se llama la ocasi6n luctuosa" Entierro Aveces la amenaza de completa confusi6n lo abruma: "la ansiedad me asalta y temo un desmayo jactancioso de blanquito metido en baile de gallina; todas las percepciones se confunden, se trata del atronador sincretismo de estas tierras, de la total ausencia de tradici6n y propiedad" Entierro Pero al parecer el autor se pregunta si dicha confusi6n no deriva de su postura abstrayente, si no esta olvidando alguna profunda complicidad, como la sugerida por el espectaculo de "cuatro hembras bochincheras"con pantalones a reventar: jicoflo!

Entierro87 La multitud no presenta una sola faz ca6tica: recordemos que es el demonio de esta alegorfa, el "daiomai",genio de las buenas o malas inspiraciones, agente revelador de destinos colectivos.

Gracias quizas a su propia contaminaci6n con el "desarreglo" multitudinario, el narrador va descifrando los cosmos de una red de elementos sociales, culturales e hist6ricos que determinan su imagen del acontecimiento, toda vez que privilegia la visi6n no panoramica que capta las individualidades del conjunto segin los cuadros de Brueghel a que alude en el texto.

Entierro 52 Ensayamos aquf la acepci6n ya perdida del "cosmos": el detalle, ornamento oinsignia que denotala posici6n del portador en un universo de interrelaciones mutuas. La prenda exhibida es signo c6smico, y por tanto aleg6rico de una modalidad parcial del cuerpo de la chica equiparable al radio Panasonicque sostiene en la mano en tanto signo de sus ofdos mencionado m6s abajo en la descripci6n.

A esta obra referimos la concepci6n de lo aleg6rico que subtiende nuestro andlisis. Fletcher, Allegory, y ss. Benjamin IluminacionesII Subrayados del autor. Nies, de bastante uso en el Caribe, denota una regi6n venorea ambigua: "ni es una parte, ni es la otra". La circulaci6n signica de la multitud sigue los hilos centrifugos de una moira moderna: la circulaci6n de la mercancia.

Brillan por su presencia en el relato los cutis Camay y Palmolive, los pies calzados de Florsheim y Adidas; justo en la descripci6n de un entierro, como si el cese de la actividad simb6lica concreta del cuerpo humano signado por el cadaver pudiera tambidn conjurarse a travds de las mascaras siempre circulantes de la mercancia. Notemos, sin embargo, que la descripci6n er6tica de la "mulatita" se sitia en el mismo recinto donde cumple su fin el velorio, en este caso el espacio mas melanc6lico y ortodoxo del ritual descrito.

El aparato y el vestuario ofrecen su otra cara, en tanto medios expansivos de la actividad erogenizante del cuerpo humano, sugiriendo nuevos valores de uso en el sistema de signos sociales. No empece su estado fragmentario, el gesto cobraria un valor de experiencia de resistencia. Es el tipo de discurso que, segin apunta Maertens, reduce todo trabajo de duelo a pose melanc6lica y "desvia el potencial de creatividad que la muerte podria despertar en cada uno, en el lugar mismo de la ausencia: cadaveriza a los sobrevivientes mas que al cadaver.

Ya no es el difunto quien se asemeja a los vivientes, sino los sobrevivientes quienes se asemejan al difunto, para beneplacito del poder en cuesti6n". Social Text 7 Willis y Corrigan catalogan este tipo de formas dentro de lo que constituirfa una "experiencia de oposici6n".

Preferimos adoptar el concepto cambidndolo a experiencia de resistencia, pues creemos que formas tan elementales aportarfan a una experiencia de oposici6n s6lo en un contexto de contienda politica dentro del proceso de lucha de clases. Pero ya veremos c6mo la comunidad le busca la vuelta a este asunto tan espinoso".

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Edgardo Rodríguez Juliá

Para esa nueva musica surge un nuevo medio: latelevi si6n se convierte en el foeo de luz que destaca no una nueva fisonomla musical, sino tam bien una amenazante presencia social. E1 blanquitismo de los grandes clubes sociales y los salones de baile tiene que haber temblado ante esta nueva agrupaci6n formada casi exclusivamente por negros. Y ademas, la combinaci6n de musica y baile, ique cafrerla! Y para colma ese carisma del baile y el showmanship es justa mente 10 que la televisi6n necesita. La pr6xima revoluci6n musical boricua habra que buscarla, diecisiete afios despues, en el ultimo polo de la movilidad mufiocista, y me refiero, claro esta, ala salsa niuyorkina. Pero ah! Conocfamos a cad a uno de ellos por una soberana y definiriva peculiaridad.

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