EL ALAMBRE DE PUAS HORACIO QUIROGA PDF

Del bosque no quedaba en verdad sino una franja de doscientos metros de ancho. Y ambos, pesando la cabeza sobre el hilo superior, contemplaron atentamente. De modo que cortando oblicuamente el yerbal, prosiguieron su camino, hasta que un nuevo alambrado contuvo a la pareja. Sin duda.

Author:Tegis Kizragore
Country:Andorra
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):8 December 2017
Pages:316
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ISBN:916-4-28868-422-1
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Del bosque no quedaba en verdad sino una franja de doscientos metros de ancho. Y ambos, pesando la cabeza sobre el hilo superior, contemplaron atentamente. De modo que cortando oblicuamente el yerbal, prosiguieron su camino, hasta que un nuevo alambrado contuvo a la pareja. Sin duda. Mas en pleno invierno Y con las narices dilatadas de gula, los caballos se acercaron al alambrado. Las vacas no se dignaron siquiera mirar a los intrusos. Nosotras pasamos y ustedes no pueden.

Corre los palos con los cuernos. De pronto las vacas se removieron mansamente: a lento paso llegaba el toro. Y ante aquella chata y obstinada frente dirigida en tranquila recta a la tranquera, los caballos comprendieron humildemente su inferioridad. Desde la tranquera, los caballos y las vacas miraban. Los caballos miraban siempre. Te voy a dar saltitos De este modo, los caballos vieron y oyeron al irritado chacarero y al polaco cazurro.

Acaba de pisotearme toda la avena. El polaco, alto y de ojillos azules, hablaba con extraordinario y meloso falsete. Pero cuando los pobres caballos pasaron por el camino, ellas abrieron los ojos despreciativas: --Son los caballos. Y tienen soga. Ustedes no pasan. Lo dijo el hombre. Vieron en el camino al chacarero que cambiaba todos los postes de su alambrado, y a un hombre rubio, que detenido a su lado a caballo, lo miraba trabajar.

Observaron atentamente aquello, especialmente los postes. Pero en cambio, aquellos dos modestos alambres en reemplazo de los cinco hilos del cercado anterior, desilusionaron a los caballos. Los dos tienen soga. Ellos no pasan. Las vacas, mientras tanto, se animaban unas a otras.

Las vacas se colocaron todas de frente al cercado, siguiendo atentas con los ojos a la bestia invasora. En efecto, el hombre acababa de salir del rancho y avanzaba hacia el toro.

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EL ALAMBRE DE PÚA

Del bosque no quedaba en verdad sino una franja de doscientos metros de ancho. Y ambos, pesando la cabeza sobre el hilo superior, contemplaron atentamente. De modo que cortando oblicuamente el yerbal, prosiguieron su camino, hasta que un nuevo alambrado contuvo a la pareja. Sin duda.

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