DIALOGOS SOBRE EL AMOR Y EL MATRIMONIO JAVIER HERVADA PDF

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Author:Mecage Gor
Country:Andorra
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):8 April 2007
Pages:469
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ISBN:601-6-22516-358-2
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Rasgos del amor conyugal; Amor conyugal y voluntad; Amor pasivo y dileccin; Amor y matrimonio; Dos consecuencias; Amor conyugal y fines del matrimonio; La regla de oro del amor conyugal; Preguntas y respuestas. PROLOGO Hace muy pocas semanas, el ltimo da de clase antes de las vacaciones de Semana Santa, haca a mis alumnos una observacin, que quisiera repetir aqu como prlogo a estas pginas.

Les estaba explicando por entonces el tema del amor conyugal y su incidencia en el matrimonio; con esta ocasin les comentaba que quienes estudian las realidades humanas desde el punto de vista cientfico parecen tener un triste sino, como un hado malfico que les persigue. Se dira que estn destinados a quitar a la realidad su belleza, su grandeza, su poesa; todo aquello que la hace amable y hermosa. Recuerdo que, con ocasin del primer viaje del hombre a la luna, le un artculo de peridico que, ms o menos, vena a decir lo mismo.

El articulista describa la honda decepcin que habran de llevarse los poetas y an el hombre medio de la calle, cuando, despus de una tradicin de siglos sobre una luna misteriosa, smbolo de tantas locuras del corazn humano, capaz de hechizar de amores o de causar desastres en los hombres con su malfico influjo, resultaba ser lo ms parecido a una bola de yeso perdida en el espacio, materia inerte e inhspita, incapaz de otro influjo que el de las leyes fsicas ms vulgares.

Si a una madre le dijesen que el cuerpo del hijo que ha engendrado es, en definitiva, una afortunada combinacin de hidrgeno, oxgeno, carbono, hierro, sodio y no s si algn otro elemento, no sera natural que reaccionara con cierto malhumor y preguntase al qumico de turno si es que haba confundido a su hijo con un mecano? Y, sin embargo, esa es la respuesta y muy verdadera de una ciencia determinada ante el cuerpo del hombre. A esto se reduce, a los ojos de la qumica, el ser ms querido, el hroe nacional, el cantante famoso o el ms ilustre literato: a una sabia combinacin de protenas, hidratos de carbono, hierro, sodio, agua y alguna cosa ms.

Podramos decir que hemos superado en este punto toda capacidad de sorpresa. En cambio, estamos menos inmunes ante una actitud similar de las ciencias humansticas. No es verdad que esperamos mucho ms de ellas? Y, sin embargo, nos pueden jugar tambin alguna que otra mala pasada al respecto. Si un enamorado, por ejemplo, interroga a la ms alta Filosofa, la Metafsica, sobre el ser de su amada, no recibir ms que respuestas por este estilo: animal racional, ser contingente, ente corpreo o ser compuesto de sustancia y accidente.

Todas ellas hay que reconocerlo decepcionantes, fras y casi sin sentido a los ojos del amor. Y si acaso le consolase or tambin que su amada es persona, no le durara mucho el consuelo, cuando comprobase que la misma respuesta da la ciencia interrogada la Metafsicapara el pesado de su futuro suegro o para el droga dicto ms abyecto. Pero es posible que algn lector est ya diciendo en su interior que quiz el pesado no sea el futuro suegro del hipottico enamorado sino yo, y que a dnde voy con tanto exordio.

Pues voy a curarme en salud. Por mi profesin estoy acostumbrado a ver las realidades humanas desde el prisma del pensamiento de los cientficos y por ello adelanto que mis palabras podrn parecer un tanto fras y descarnadas para tratar de una realidad tan llena de belleza y hondura humanas como es el matrimonio. Es, en efecto, el matrimonio una de las realidades humanas ms profundas y hermosas.

No s si el lector se ha fijado en que la misma Sagrada Escritura se reviste de poesa para tratar de l. Su estilo, podramos decir, se viste de gala y se hace hiperblico, como si al lenguaje humano a cuyo travs Dios nos habla en la Biblia le faltasen las formas suficientes para expresar, en palabras simples y llanas, la magnificencia de las nupcias.

Existe un detalle significativo al respecto. Sacramentos ms augustos que el matrimonio los hay, sin duda, como la Sagrada Eucarista, centro y culmen de la vida cristiana y an de toda la accin de la Iglesia; y hay sacramentos ms necesarios, como el bautismo, o que otorgan una misin ms excelsa, como la sagrada ordenacin.

No es, desde luego, el mayor, pero slo de l se dice que es grande. Ms significativo todava, si cabe, es el hecho de que, para mostrar y ensear la ms admirable de las grandezas de Dios con los hombres su amor misericordioso que le ha llevado a la Encarnacin del Verbo, la Palabra revelada utilice insistentemente la imagen del matrimonio.

El amor de Dios a la Humanidad es un amor nupcial; el Verbo divino, al encarnarse, ha contrado nupcias con la Humanidad. Cristo es el Esposo, que ama, nutre y engalana a su Esposa, la Iglesia, con la que se ha hecho una sola carne, un solo cuerpo Eph.

Verdaderamente, para tratar del matrimonio parece ms adecuado el clido entusiasmo del juglar que la fra especulacin del cientfico. Y, sin embargo, es esta segunda perspectiva la que preferentemente voy a utilizar. No cabe duda de que es menos agradable de leer o de escuchar y menos grata de escribir o de decir, pero posiblemente tiene, por ms exacta, una mayor utilidad y, en definitiva, proporciona un mejor arsenal de ideas para la vida, tan lejana a veces de los sueos de un poema.

No es ste, sin embargo, un libro de investigacin cientfica, ni siquiera un ensayo de elevadas reflexiones. Es la publicacin de varios dilogos as concibo tambin las conferencias que he tenido la suerte de mantener con pblicos de diversa ndole, cultura y nacionalidad. Dilogos que dejaron en mi nima un gratsimo recuerdo, por el excelente trato que recib y lo mucho que las observaciones y preguntas de los oyentes siempre me ensearon.

Quede patente aqu mi gratitud a todos, organizadores y asistentes. Las preguntas y respuestas, que se insertan al final de los tres primeros textos, corresponden al dilogo mantenido con el pblico portugus, cuyas preguntas que se incluyen traducidas me fueron hechas por escrito. La diversidad de ocasiones en las que han sido pronunciadas las conferencias dan razn de algunas repeticiones que el lector encontrar; la tarea de refundicin de materiales que he procurado hacer ha eliminado varias de ellas, pero he preferido conservar las pocas que restan, pues otra cosa me hubiese obligado a alterar demasiado el estilo y la intencin con que fueron redactados los textos primitivos.

Quiero finalmente agradecer a los Profs. Carmelo de Diego y Pedro Lombarda las sugerencias y observaciones que me hicieron, al Dr. Jos Antonio Gomes da Silva Marques las innumerables atenciones que siempre ha tenido conmigo y de modo particular las que tuvo durante mi estancia en Portugal, y al Lic. Jos Manuel Zumaquero su eficaz y abnegada ayuda, que me permite poder dedicar todava algn tiempo a estas lides intelectuales. Pamplona, a 31 de mayo de Dice Pieper en la introduccin a su ensayo sobre El amor que hay razones ms que suficientes que le sugieren a uno no ocuparse del tema del amor.

En fin de cuentas, basta con ir pasando las hojas de una revista ilustrada, mientras nos llega el turno en la peluquera, para que le vengan a uno ganas de no volver a poner en sus labios la palabra amor, ni siquiera en un futuro lejano J.

Por eso no es extrao observar una tendencia a desplazar la palabra amor, para cambiarla por otras. Quin no conoce, por ejemplo, lo rpidamente que se ha extendido en nuestro tiempo el trmino compaerismo, u otros similares, para designar el amor nbil y el conyugal? O la extensin de la palabra amistad, a lo que nunca fue considerado como tal en el lenguaje comn?

Esta tendencia viene de lejos. En el siglo XII, por ejemplo, una obra novelesca pone en boca de un caballero,que intentaba justificar sus devaneos, estas palabras: Tengo una esposa muy hermosa, a la que quiero con toda mi mente y con todo el afecto de marido; pero como s que entre los esposos no puede haber amor Anselmo hasta Guillermo de Auxerre Granada, , pg.

Frente a este escamoteo del trmino amor, que lo reduce a sus usos abusivos, se alza la realidad incontestable de que el afecto entre marido y mujer es amor, un amor especfico, que es el amor conyugal. Buen testimonio de ello nos lo da Hugo de San Vctor, quien, en su libro De amore sponsi ad sponsam sobre el amor del esposo a la desposada , hace decir al esposo: Quiero hablar de mi desposada Wolff Viena, , pg.

La Iglesia, en no pocos textos magisteriales, se refiere al amor de los esposos y ve en l una imagen del amor que Cristo tiene a la Iglesia.

El ms reciente Concilio Ecumnico, el Vaticano II, nos habla repetidamente de l, al que llama ratificado por el sacramento de Cristo, formado a semejanza de su unin con la Iglesia, asumido por el amor divino, sanado, ornado y enriquecido por la virtud redentora de Cristo, etc. Gaudium et spes, nn. A pesar del secular abuso de esta palabra, hoy asistimos a un renacer de su buen uso. Pero no es slo una cuestin de len-guaje lo que explica este renacer.

Una primera causa se encuentra en la evolucin social que, con mayor o menor intensidad, est alcanzando a todos los pases. Es bien sabido que durante muchos siglos la sociedad ha vivido con una mentalidad que estableca una cierta ruptura entre el matrimonio y el amor conyugal.

Este, el amor de los cnyuges, se entenda como un requisito de felicidad, pero no como el soporte del matrimonio, ni como la realidad a cuyo travs puede comprenderse mejor esta institucin. El matrimonio sera el deber, no el amor. Por eso los enlaces matrimoniales se hacan con cierta frecuencia y hasta tiempos no lejanos, por razones de Estado, patrimoniales, familiares, etc. El amor, se deca, vendra luego; y en todo caso al cnyuge se peda el cumplimiento de sus deberes, no el amor, al que slo se estimaba como deseable factor de felicidad J.

Que esta mentalidad no ha sido erradicada totalmente, aunque se encuentra en perodo evolutivo, lo muestra el mismo hecho de que las Naciones Unidas hayan sentido la necesidad de proclamar expresamente entre los derechos de la mujer el de elegir libremente su esposo, a la vez que, en ms de una ocasin, algunas de sus Comisiones se hayan tenido que ocupar de su aplicacin prctica.

Quiz alguien piense que la imposicin por los padres de un cnyuge determinado sea cosa de tiempos pasados, y no de una poca, como la nuestra, en la que hasta los enlaces principescos son ya ms cosa del corazn que del inters. Pues no es as. Recientemente, un colega internacionalista me contaba que acababa de conocer en la Academia de La Haya a una doctora en Derecho de una nacin del Tercer Mundo, perteneciente a una familia de muy alto nivel cultural y econmico.

Al ser interrogada sobre su novio, contest que slo le conoca por fotografa y que apenas si se haban cruzado algunas cartas. En mi ambiente, explicaba, los matrimonios son concertados por los padres. Esta secular mentalidad tiende a ser superada y de hecho lo ha sido ya en muchos sectores sociales.

Es el amor de los cnyuges, se dice, el que ha de protagonizar el matrimonio. El cambio lo resume muy bien Hffner al escribir: Entonces se deca: porque t eres mi esposa, te quiero; hoy, en cambio, se dice: porque te quiero, sers t mi esposa J.

Slo que este proceso de cambio de mentalidad no est exento de riesgos y desviaciones. Una visin simplista tiende a reducir el cambio, en trminos que podran expresarse as: el matrimonio era antes entendido como deber esto es, como cosa de razn, de cabeza, ahora hay que entenderlo como cosa de amor, es decir, de corazn, de sentimiento.

De ah a establecer una dialctica u oposicin entre ley natural y amor, entre amor y exigencias de justicia, entre amor e institucin, no hay ms que un paso.

Y este paso lo han dado, como es sabido, una serie de corrientes actuales. La segunda causa que explica el renacimiento al que antes se aluda, es propia del campo catlico: me refiero a las enseanzas contenidas en los nmeros 48 a 51 de la Constitucin Gaudium et spes del Vaticano II.

Por insistirse repetidamente en estos pasajes sobre la relevancia del amor, por calificarse al matrimonio como communitas amoris y por haber relacionado con el amor los tres bienes del matrimonio el bonum prolis los hijos , el bonum fidei la unidad y la fidelidad y el bonum sacramenti la indisolubilidad , se ha producido un cambia de perspectiva, que ha llevado a la doctrina teolgica y cannica a intentar dilucidar el papel del amor en el matrimonio Cfr.

Pero tampoco en estos intentos han faltado las dudas, las discusiones y las desviaciones. Lejos estamos todava de que la doctrina haya encontrado la solucin adecuada a los interrogantes que la enseanza conciliar ha planteado.

Porque era comn entre telogos y canonistas entender que el amor entre los cnyuges es un factor deseable de felicidad; el amor decan asegura el buen xito del matrimonio, mas es, no slo una realidad que no debe confundirse con el matrimonio cosa que no puede negarse como luego veremos , sino tambin ajeno a su ser. El matrimonio es un vnculo jurdico, en cuya esencia el amor, de suyo,no interviene de ningn modo. Por otra parte, la esencia del matrimonio ha sido comnmente descrita a travs de los tres bienes del matrimonio.

De ah que, si de la esencia del matrimonio y del amor conyugal son predicables los tres bienes si estos tres bienes son fin o propiedades esenciales del matrimonio y a la vez son tambin atribuibles al amor conyugal alguna relacin debe existir entre ambos, y mucho ms fuerte de lo que afirmaba la doctrina anterior al Vaticano II.

En qu consiste el amor? Hay, entre estos interrogantes, uno que es par razones obvias el primero que se debe contestar: en qu consiste el amor?

Porque es evidente que, sin responder adecuadamente a esta pregunta, no es posible entender con propiedad, ni el amor conyugal, ni su relacin con el matrimonio. Y precisamente ah est la primera piedra de tropiezo. El lenguaje corriente nos da una multiplicidad de frmulas que pretenden encerrar la idea del amor en lemas de fcil comprensin.

El amor es sacrificio, obras son amores y no buenas razones, amar es desear, el amor es unin, el amor es posesin, amar es querer, etc. Pero todas ellas con ser verdaderas son complementarias, lo que nos indica que ninguna de ellas es suficiente. Sealan rasgos del amor, sin decirnos qu es, esencialmente, el amor. Dentro del campo filosfico hay una corriente bastante importante que enlaza el amor con la complacencia en la existencia de lo amado. Blondel, por ejemplo, escribe que el amor es por excelencia lo que hace ser.

Para Emile Brunner la frmula del verdadero amor sera te quiero porque existes, a lo que Pieper contesta que es ms bien: Qu bueno es que existas! Y no es ajeno a ella Gabriel Marcel cuando escribe: Amar a una persona es decirle: t no morirs Vide J.

No cabe duda de que estas ideas sobre el amor son muy esclarecedoras para penetrar en su entidad. Sin embargo, siguen sin expresarnos su esencia y, sobre todo, de ah poco o nada puede sacarse para establecer la relacin entre amor conyugal y matrimonio.

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