EMILIO TENTI FANFANI LA ESCUELA Y LA CUESTION SOCIAL PDF

La educacin como tema esencial no debiera ser apartado del la discusin poltico, sin embargo lo es. Este es uno de los claros problemas que tenemos como sociedad. Esto es en sntesis lo que refleja el primer captulo del ensayo del socilogo Fanfani. La escuela es interpelada, cuestionada y acusada cuando se trata de buscar al responsable de los problemas nacionales.

Author:Jule Dorisar
Country:Iceland
Language:English (Spanish)
Genre:Finance
Published (Last):16 January 2008
Pages:96
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Todo cambio en un campo social determinado la economa, la ciencia y la tecnologa, la estructura social, la cultura, la poltica y otros "se siente" en la escuela. En la prctica, un tercio de los habitantes del pas forma parte directa del mundo de la educacin, ya sea como estudiante o como profesor o administrador del sistema educativo. En casi todos los pases de Amrica Latina la dcada de los noventa fue prolfica en "reformas y transformaciones".

En el caso de la Argentina muchos cambios fueron obra de la poltica, es decir, de la voluntad colectiva y las relaciones de fuerza en el campo poltico. Sera difcil hacer siquiera una sntesis de los grandes acontecimientos. Sin embargo, es preciso recordar algunas cosas que vinieron para quedarse.

Luego de la experiencia de la hiperinflacin de fines de los aos ochenta, se apodera del control del Estado una fuerza poltica basada en una alianza muy peculiar. Los intereses de los grupos econmicos ms ligados a las corporaciones transnacionales se tradujeron en polticas que modificaron profundamente el esquema poltico institucional del pas. Y lo pudieron hacer con la legitimidad conquistada en las urnas y refrendada, al menos en los primeros tiempos, por el veredicto cotidiano de la opinin pblica.

El peculiar "Estado Benefactor" argentino fue desmantelado prcticamente sin resistencias. Sus promesas incumplidas y sus manifestaciones poco felices burocratizacin, corrupcin, ineficiencia, clientelismo poltico, corporativismo y otros y una campaa bien afinada de desprestigio de lo pblico fueron los pilares sobre los que se bas un programa reformista inspirado en el neo-liberalismo en las cuestiones econmicas y el neoconservadurismo en algunos asuntos de ndole tico-moral.

Este programa adquiri matices bastante radicales si se lo compara con procesos similares registrados en otros pases latinoamericanos e incluso en el mbito mundial. La privatizacin de los principales servicios pblicos, la apertura de la economa y la desregulacin de diversos campos de actividad se tradujeron en un debilitamiento sensible de las instituciones pblicas en beneficio de la liberacin de las iniciativas y los intereses "privados". Estos se convertiran en el motor del crecimiento y el desarrollo de la sociedad nacional.

El menemismo hizo poltica por denegacin, es decir, negando que la haca. El programa del gobierno de turno, se sintetiz en la consigna de "achicar el Estado" y, por lo tanto, reducir "lo pblico" a su mnima expresin. El "modelo" se convirti en "pensamiento nico", es decir, en ortodoxia, y poco espacio quedaba para quienes se atrevan a cuestionar sus pilares fundamentales.

Esta hegemona tendi a manifestarse como sentido comn de la poblacin. La dicotoma Estado-mercado organizaba las visiones del mundo. El primero era el lugar de todos los pecados, defectos y errores, y en el mejor de los casos se lo consideraba un "mal inevitable".

El mercado, por su parte, era el espacio de todas las virtudes y potencialidades. El Estado estaba habitado necesariamente por burcratas y polticos, por lo general ineficientes, incapaces y corruptos. En cambio, los emprendedores, en tanto sujetos protagnicos del mercado, se controlaban a s mismos a travs de un sistema automtico de premios y castigos, tan inapelables como "objetivos".

Las leyes del mercado son eternas y justas porque son "naturales", mientras que las leyes de los parlamentos son injustas porque obedecen a voluntades y relaciones de fuerza contingentes, arbitrarias y parciales. Las leyes del mercado no necesitan ejecutores, ya que producen ganadores y perdedores de un modo automtico. En cambio, las leyes humanas necesitan de legisladores, ejecutores y jueces, siempre falibles en potencia, cuando no sobornables y corruptos. Durante algunos aos y el crecimiento del PBI y la famosa convertibilidad un peso, un dlar permitieron disminuir el ndice de pobreza, que haba crecido significativamente en los aos de la crisis de fines de los ochenta.

Las clases medias e incluso las clases medias bajas que tenan una insercin en el mercado de trabajo formal pudieron darse ciertos "lujos" antes reservados a las clases ms acomodadas, como hacer turismo en el exterior, adquirir bienes de consumo durables y dems.

Sin embargo, el famoso modelo mostr muy pronto signos de agotamiento. El final de este "proceso" fue tan trgico y rotundo como el del otro "Proceso" de triste memoria. El desempleo masivo se tradujo nuevamente en pobreza masiva, exclusin social, inempleablididad, etc. La cuestin social se expres en el campo de la poltica de una manera abrupta y dramtica. El gobierno del presidente De la Ra, al persistir con el modelo de la convertibilidad, es derribado por las movilizaciones populares al finalizar el ao El escenario de "felicidad" de los aos noventa se trueca en tragedia y la sociedad nacional se encuentra al borde de la desintegracin social.

La Argentina declar el default de gran parte de su deuda externa. Pero muchas transformaciones introducidas durante la vigencia del "modelo" y muchas de sus consecuencias sociales son irreversibles, al menos durante el posmenemismo.

Ya pasada la ltima crisis, la Argentina que qued es bastante diferente de la Argentina de fines de la dcada del ochenta y los primeros aos de la de la dcada del noventa. La experiencia histrica muestra que la salida de las crisis econmicas y sociales marca un deterioro de las condiciones estructurales, en especial en trminos de pobreza y desigualdad en la distribucin de la riqueza.

Pero el problema social argentino no es nicamente de ndole cuantitativa ms pobres, ms desigualdad, ms crisis. No slo hay ms problemas, sino que stos tienen una configuracin diferente y son ms complejos.

Los cambios son de tal calidad que incluso los cientficos sociales no tienen las palabras necesarias para dar explicaciones pertinentes. Vivimos en un nuevo mundo y en una nueva sociedad. De esto no cabe la menor duda. El uso reiterado del concepto de "exclusin social", que no tiene tradicin ni una definicin precisa en el campo del anlisis sociolgico denota la existencia de una nueva "cuestin social" como caracterstica particular de esta fase del desarrollo de las sociedades capitalistas contemporneas.

Mientras que el capitalismo de posguerra tenda a la integracin social a travs de la generalizacin de la condicin de asalariado, entendida como un estatuto social jurdicamente garantizado con estabilidad y todos los derechos sociales asociados , el capitalismo actual es excluyente y no puede asegurar la integracin de las mayoras al consumo y al trabajo formal.

La informalidad, la precariedad, la flexibilidad, la inestabilidad y otros factores constituyen fuentes de inseguridad y desestabilizacin social. A la vez, el capitalismo multiplica las formas de la pobreza.

Esta es cada vez ms multidimensional y heterognea. No es slo una cuestin de insuficiencia de ingresos, sino que tambin tiene mltiples manifestaciones culturales que la diferencian de las viejas formas de pobreza, tpicas del capitalismo de la segunda posguerra. La tendencia a la homogeneidad cultural en trminos de valores, preferencias, estilos de vida, expectativas, etc. La imagen que predomina ahora no es la de una carrera de ciclismo donde una minora lleva la delantera, seguida de un pelotn que rene a la mayora de los corredores unos ms cerca de la punta, otros un poco ms atrasados , y por ltimo, de una minora de atrasados que, sin embargo, sienten que todava estn en carrera.

Hoy es otra la representacin de la sociedad. Unos pocos se apropian de los mejores puestos y acaparan el grueso de la riqueza generada. En el otro extremo y mucho ms numerosos que los privilegiados estn los que se encuentran literalmente fuera del sistema productivo y dependen de la caridad pblica o privada para subsistir.

En el medio se hallan los que tienen una insercin parcial y defectuosa en el mercado de trabajo y padecen distintos grados de vulnerabilidad e inseguridad. Son las vctimas primeras de las crisis recurrentes y deben hacer malabarismos para mantenerse a flote. Cuando uno mira qu es lo que sucede con la escolarizacin se encuentra con una situacin paradojal: los aos en que se gesta la exclusin social registran un crecimiento constante de la inclusin escolar.

En otras palabras, mientras que la economa y el mercado de trabajo excluyen y desintegran, la escuela escolariza a proporciones cada vez ms elevadas de nios y jvenes. Esta contemporaneidad de la exclusin social y la incorporacin escolar que por cierto no es exclusiva de la Argentina es una de las marcas distintivas del momento que vivimos y una fuente de nuevos problemas para la institucin escolar.

Las familias, los alumnos y los docentes viven cotidianamente la consecuencia de esta conjuncin de fenmenos. El carcter masivo de la exclusin y la escolarizacin genera, entre otras cosas, una crisis del sentido tradicional de la escuela. Para los "nuevos alumnos" que concurren a ella, la escuela no es necesariamente un lugar donde se aprenden cosas importantes para la vida.

La masificacin de la escolaridad con exclusin social ha producido un terremoto en las instituciones de educacin bsica. Estas parecieran haber perdido el rumbo. A su vez, los viejos modos de hacer las cosas ya no sirven para resolver problemas inditos.

Los actores escolares, en especial los docentes y los directivos, viven su trabajo, en muchos casos, como una misin imposible. Pero los nuevos alumnos en especial, los nuevos adolescentes que se han incorporado en forma masiva al nivel medio durante los ltimos diez aos no slo son diferentes desde el punto de vista de sus condiciones materiales de vida, sino tambin diferentes en cuanto a dimensiones ms profundas de su subjetividad.

Ellos tambin estn marcados por las huellas que dejan en su subjetividad los nuevos contextos familiares donde desarrollan su existencia y los consumos culturales que los caracterizan. Diversos estudios muestran que para rendir cuentas de sus lenguajes, preferencias, estilos de vida, actitudes y expectativas son ms importantes las experiencias extraescolares la familia y los consumos culturales masivos que los aos de escolaridad.

Ellos "importan" en la escuela lo que desarrollan afuera. Las instituciones educativas que acogen a estos "nuevos alumnos" parecieran no estar a la altura de las circunstancias. El paradigma escolar tradicional ya no sirve para dar sentido a la experiencia escolar.

No les sirve ni a los alumnos, ni a los docentes ni a la sociedad. Lo que por fuerza de la tradicin llamamos "sistema" ya no es ese conjunto interdependiente de partes que tiene un centro desde donde se lo dirige y orienta en funcin de objetivos sociales ms o menos claramente establecidos.

Ese sistema escolar que naci como un molde institucional lo suficientemente fuerte para formar "dar forma" a las nuevas generaciones a fin de convertirlas en sujetos, ciudadanos, productores, etc. Todas las formas de dominacin social la econmica, la de gnero y otras tienden a reproducirse en el sistema escolar.

Las instituciones "fuertes", es decir, aquellas que son capaces de formar en cualquier sentido o contenido que se le d a la expresin , tienden a ser patrimonio de los grupos dominantes. En cambio, las instituciones de los grupos subordinados tienden a ser pedaggicamente dbiles en trminos de apropiacin cultural. En ciertos casos lmite, son instituciones intrascendentes o espacios que adquieren otro sentido, bastante alejado del paradigma fundacional.

Este es el caso de las escuelas "comedor" o escuelas "socializadoras y contenedoras", cuando no "disciplinadoras" de las nuevas generaciones.

La primera parte de este libro rene algunos ensayos que tienen por objeto proponer una mirada sociolgica del nuevo contexto social y escolar. Son ensayos porque slo contienen argumentos, la mayora de las veces no acompaados de evidencias empricas fuertes y explcitamente construidas para sostenerlos y fundamentarlos.

Los pocos datos y hechos aportados la mayora de las veces funcionan como ejemplos que vuelven razonables las proposiciones y tesis desarrolladas. El hilo conductor que estructura la primera parte es la idea de que en las condiciones actuales la escolarizacin tiene otros significados acerca de los cuales es preciso reflexionar. Hoy es difcil sostener la idea de que existe una correlacin entre la escolarizacin y el desarrollo de conocimientos poderosos en las personas.

Si esto es as, la inclusin escolar en muchos casos est ocultando la exclusin del conocimiento. Pero como el conocimiento es un capital riqueza que produce riqueza , quienes no lo poseen en cantidad suficiente quedan excluidos de otros bienes sociales tan estratgicos como la integracin social, la capacidad expresiva y productiva, la riqueza y el poder. De este modo el crculo se cierra: la desigualdad y la exclusin social son al mismo tiempo causa y consecuencia de la exclusin cultural.

De la Segunda Parte En la segunda parte se pasa de las cosas a las palabras de la educacin. Como ensean las mejores tradiciones sociolgicas, los hechos sociales existen dos veces. La primera como objetividad, cuya existencia es relativamente independiente de las ideas que nos hacemos de ellos. Sin embargo, los hechos existen tambin como representacin. Pero las palabras no slo describen, sino que tambin prescriben o construyen eso que enuncian. Por eso, para comprender la relacin entre la cuestin social y la cuestin escolar contemporneas hay que incluir en el anlisis las palabras, es decir, los discursos y las ideas que nos hacemos acerca de esas cuestiones.

Hay muchos agentes sociales que "hablan" o "escriben" acerca de las cosas de la educacin. Esta segunda parte incluye una serie de trabajos que tienen como objeto el anlisis de ciertos discursos; en especial, discursos que pretenden cierta "cientificidad" acerca de las cosas de la educacin. En ellos tambin predomina la mirada crtica, que por cierto incluye en primer lugar la propia produccin del autor de estos ensayos.

Las ciencias sociales y las ciencias de la educacin no estn a la altura de las circunstancias y, por lo tanto, no contribuyen a elevar el debate pblico y la agenda de la poltica educativa nacional.

La mayora de las veces lo que los acadmicos y expertos producen est ms prximo al discurso periodstico y en muchos casos sin los beneficios del buen estilo que al campo intelectual.

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