EL NINJA ERIC VAN LUSTBADER PDF

Born and raised in the Lower West Side of Manhattan, Van Lustbader develop an interest in art and writing from a very young age. As a kid, Van Lustbader lived downstairs from legendary actress Lauren Bacall. In addition to this, he was also friends with brothers Keith and David Carraddine, who also turned out to be successful actors themselves. The three of them would build orange create racers in Washington Square Park.

Author:Tojabar Tugal
Country:Greece
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):11 October 2005
Pages:442
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ISBN:856-1-20055-825-9
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Peter En la oscuridad hay muerte. Eso fue lo primero que le haban enseado, y l no lo olvidara jams. Tambin saba moverse a la luz del da sin ser visto; empleando otros recursos. Pero la noche era su aliada especial. Ahora el alarido estridente de la alarma se alz sobre los dems ruidos nocturnos: el cri cri de los grillos, el choque estruendoso del oleaje contra la arena griscea y las rocas negruzcas veinte metros ms abajo, el grito salvaje de un grajo a lo lejos, sobre las densas copas de los rboles.

Sbitamente, cuando la luz surgi del interior de la casa, el color tio las hojas del vetusto y copudo sicmoro, pero l se haba apartado ya del coche, adentrndose en la sombra protectora de un seto podado con una minuciosidad casi escultrica. Aunque, a decir verdad, l apenas necesitaba esa proteccin, pues iba totalmente vestido de negro: botas de mediacaa, pantalones de algodn, camisa de manga larga, chaleco de hilillos lacados, guantes y una mscara con capucha que le cubra el rostro, salvo una franja a lo largo de los ojos que le haba sido embadurnada con holln y unos polvos muy finos de carbn, al objeto de eliminar toda posible refraccin; pero su entrenamiento haba sido tan arduo que no le permita dar por supuesta la consecucin de un blanco, cualquiera que fuese.

Ello exclua la posibilidad de un juicio errneo que pudiera acarrear una brecha en la seguridad personal. La luz del porche se encendi, los insectos revolotearon a su alrededor. La ruidosa alarma del coche fue demasiado ensordecedora para poder or cmo se abra la puerta, pero l cont mentalmente los segundos y acert de lleno. Barry Braughm apareci bajo la luz color limn del dintel.

Llevaba vaqueros y una camisa blanca. La bragueta abierta denotaba la premura con que se haba vestido. Empuaba una linterna en la mano derecha. Desde la ligera elevacin del umbral, Barry proyect el estrecho haz luminoso hacia el coche y escudri sus alrededores.

El rayo de luz se reflej en el cromo y asaete la noche. Haciendo un par de guios, l lo dirigi hacia otra parte. En aquel momento no se sinti de humor para perder el tiempo con su coche Haca media hora escasa que l se haba peleado estrepitosamente con Andy, culminando con la huida presurosa de su oponente en plena noche, como era natural. Probablemente de vuelta a la ciudad, segn supuso Barry. Bueno, se lo tena merecido por intentar vengarse contra sus propios intereses. Pero Andy era as de pies a cabeza.

Por Dios! Acto seguido movi la cabeza de un lado a otro. S, claro que lo sabes, se dijo. Descendi los escasos escalones de piedra procurando no pisar el primero.

Estaba resquebrajado; una de las muchas cosas que Andy prometiera arreglar esta semana. Atraves silencioso el cuadro de csped hmedo hacia el lugar en donde estaba aparcado el coche, negro y voluminoso. El viento silb entre las ramas del joven arce a su izquierda, y ms all se perfil la barrera a media altura del espeso seto.

Qu diablos estoy haciendo yo con un Mercedes? Si no hubiese sido por Andy Y, desde luego, eso me incluye a m, pens, malhumorado, Barry. Durante unos instantes mir la carretera como si esperara ver surgir el Audi negro como la noche de Andy, con sus faros girando a lo largo de la amplia curva para baar en luz el jardn delantero de la casa. Barry dio media vuelta.

Esta noche no pens. El no se recupera nunca tan de prisa. Mientras avanzaba por el sendero de grava, Barry pas el haz de la linterna sobre la parte superior del seto, para dar finalmente un rpido brochazo de luz lquida a la capota del vehculo. La luminosidad fue muy intensa cuando se detuvo ante el Mercedes. Maldito calor se dijo. Siempre desconectando la alarma. Y yo que no quera dormir solo esta noche!

Debiera haberlo pensado dos veces antes de decirle a Andy que era un mierda. Hizo una pausa para echar una ojeada a su alrededor, luego se inclin y, corriendo el pestillo del cap, lo solt. Escudri el interior, proyectando el rayo de luz sobre las diversas partes del motor, detenindose un momento en la batera. Satisfecho, dej caer de golpe el cap y rode el coche para examinar las puertas una a una. Las junturas de cristal y cromo se iluminaban mientras intentaba encontrar seales de fractura.

Como no viera ninguna, volvi al costado izquierdo y, agachndose de nuevo, introdujo una pequea llave metlica en un dispositivo aplicado al flanco del vehculo. Dio una vuelta brusca a la llave y se hizo un silencio sbito. De nuevo se oy el chirrido de los grillos, mientras los silbidos del oleaje mostraron una vez ms su infatigable ataque contra una costa que se desmoronaba poco a poco. Cuando Barry emprenda ya el camino de vuelta a la casa, crey or un ruido leve sobre las rocas prximas al pequeo acantilado, delante de su propiedad.

Le pareci el rumor de pies desnudos corriendo. Gir sobre sus talones y, levantando la linterna, explor aquel rincn. No vio nada. Aguijoneado por la curiosidad, atraves el csped y se meti entre las hierbas altas que jams se molestara en segar, porque estaban demasiado cerca del acantilado. Reapareci pocos segundos despus sobre el pequeo promontorio tachonado con placas grisceas de pizarra. Justo a sus pies vio las crestas rizadas e iridiscentes de las olas que rompan con estruendo.

Es marea alta, pens. El dolor en el pecho le lleg sin el menor aviso. Se sinti impulsado hacia atrs como si una mano invisible hubiese surgido de la nada para empujarle, y fue dando tumbos a lo largo de las resbaladizas rocas humedecidas por el roco.

Sus brazos se agitaron con violencia para devolverle el equilibrio, la linterna se le escap y cay dando vueltas hasta sumirse en la noche, cual una diminuta estrella fugaz.

Oy claramente el seco topetazo cuando la linterna rebot contra las rocas del fondo y, trazando un arco, se zambull en el agitado oleaje como una lucirnaga suicida. Las muecas espasmdicas de su boca fueron involuntarias.

Intent gritar, pero todo cuanto pudo emitir fue una especie de balido, insignificante e ineficaz, y entonces pens que ahora saba lo que deba sentir un pez prendido del anzuelo. Los brazos y las piernas le pesaron como el plomo, el aire le pareci desprovisto de oxgeno, como si se hubiese extraviado en algn planeta desconocido sin la proteccin del traje espacial. Incapaz de coordinar sus movimientos, mantuvo un equilibrio precario sobre las pulidas rocas al borde del despeadero, que caa a un mar negro y blanco.

Pens, nebulosamente, que tal vez sufriera un ataque cardaco y entonces se desesper intentando recordar lo que convena hacer en semejantes casos. Muri mientras lo intentaba Sin movimiento aparente, una sombra se despeg del muro verde y se acerc rauda, sigilosa, sobre las rocas. Su paso no inquiet a los grillos, ni siquiera a las aves nocturnas.

La sombra se arrodill junto al cadver, unos dedos negros manipularon algo oscuro y metlico empotrado en el pecho, justamente debajo del corazn y un poco a la derecha. Con un tirn final arranc el objeto. Acto seguido examin primero la cartida, despus, durante lo que pareci un largo rato, observ fijamente la esclertica de los ojos, y por ltimo las yemas de los dedos.

Murmurando suavemente para s, la sombra recit el Hannya-Shin-Ky. Luego se incorpor. El cadver pareci entre sus brazos tan ligero como el aire. Con un impulso o esfuerzo apenas perceptible lanz el cuerpo a la noche, por el precipicio, lo bastante lejos para que cayera de lleno en aguas profundas. La intensa corriente lo arrebat al instante. Pocos segundos despus, la sombra desapareci, fundindose con la oscuridad, sin dejar el menor rastro de su presencia all.

Sucias moscas zumbaban a lo largo de la serpenteante colina de arena, formada sobre la marca de la marea alta. Al secarse, el roco del mar semejaba el cabello rizado muy rubio de un nio. Ms all se aproximaban, arrolladoras, las olas rompientes, de un azul purpreo, que luego se tornaba blanco al convertirse sus crestas en espuma, y por fin moran sobre la arena hmeda ante sus pies desnudos.

El mar socavaba el suelo bajo sus pies y l se empequeeca a medida que el avance implacable de la marea erosionaba la tierra. Hasta aquel momento la tarde haba transcurrido muy tranquila; Dune Road holgazaneaba a mediados de semana, aunque sta fuera la semana siguiente al 4 de Julio. Con gesto mecnico, Nicholas quiso echar mano al paquete de los finos cigarrillos negros que fumaba. Pero no lo encontr, pues haba dejado ese vicio seis meses atrs. Recordaba bien la fecha porque en ese mismo da tambin haba dejado su empleo.

S, lo recordaba muy bien. Un da sombro y glido de invierno haba llegado a la agencia y estuvo en su despacho el tiempo suficiente para colocar la cartera de piel de avestruz que le regalara Vincent sin motivo aparente haban transcurrido varios meses desde su cumpleaos y la fecha de su ascenso estaba an ms lejos, sobre su mesa de palo rosa y cristal ahumado, demasiado moderna para tener algo que se pareciera, aunque fuese remotamente, a unos cajones.

Una vez hecho esto sali, dobl a la izquierda, desfil ante el rostro expectante de Lil, su secretaria, y descendi al vestbulo alfombrado en beige y con iluminacin indirecta de nen rosado. Y, en definitiva, cundo haba tomado esa decisin? Slo poda decir que en el camino hacia all, en el taxi, su mente estaba vaca, sus pensamientos parecan cenizas arremolinndose en los posos del caf de la noche anterior. No pareci quedar ningn otro residuo. Pas ante los dos guardianes femeninos que, a semejanza de unas esfinges magnficamente talladas ante el sepulcro de un gran faran, flanqueaban la inmensa puerta de caoba.

Y el caso es que ambas eran tambin endiabladamente eficientes. Golpe con los nudillos en la puerta antes de entrar. Como Goldman estuviera agarrado al telfono el de color azul marino, lo que significaba una conversacin con algn cliente de alto nivel, pues si hubiese sido el beige habra denotado un frentico intercambio entre oficinas, Nicholas se limit a mirar por la ventana.

En estos tiempos todo es de alto nivel, pens. Haba das en que ocupar el piso trigsimo sexto tena sus ventajas, pero ste no era uno de ellos. El cielo mostraba tal densidad con sus nubes plomizas, que pareca una pesada tapadera oprimiendo la ciudad.

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Lustbader, Eric Van - El Ninja v1.1

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