ANIBAL EL ORGULLO DE CARTAGO PDF

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Author:Dusho Gagar
Country:Finland
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):14 February 2006
Pages:310
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ISBN:362-7-45498-348-3
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David A. Protagonista indiscutible de las luchas entre romanos y cartagineses que tuvieron lugar en el siglo II a. Establecido en la pennsula Ibrica el lugar donde su padre forj el imperio cartagins, Anbal plane una campaa para atacar Roma con su ejrcito a travs de una complicada va terrestre.

Esta novela reproduce paso por paso el devenir de una empresa pica; el recorrido, las batallas, las victorias y derrotas de un pueblo que se atrevi a desafiar a Roma, en lo que se conoce como la Segunda Guerra Pnica. Y al frente de cuyo ejrcito se encontraba un personaje fro y calculador, pero tambin apasionado y aventurero.

Durham describe las batallas principales con profusin de detalles psicolgicos, militares y polticos y, entre combate y combate, nos brinda la oportunidad de conocer a diversas figuras histricas de los dos bandos en conflicto, as como a personajes de otras etnias y gentes que participaron en la guerra. Su cabeza pareca ms propia de un poeta que de un guerrero, pero el muchacho saba que su aptitud con las palabras se reduca a cuatro bromas, un par de agudezas y alguna trivialidad.

Los poetas, para l, deban de tener un carcter ms serio. Aunque era ciudadano de Cartago, su familia haba cado en la pobreza haca mucho tiempo, pues haba conducido mal sus asuntos y la Fortuna nunca haba sido bondadosa con ella. Era el nico varn de cinco hermanos, y tema que a sus hermanas les aguardase un futuro poco digno. As pues, su alistamiento en el ejrcito cartagins en Iberia no era la respuesta a una vocacin, sino un intento de asegurarse una paga.

Como le haba dicho su padre, un conflicto armado proporcionaba la oportunidad de distinguirse y de mejorar la prosperidad familiar. Y, para mayscula sorpresa del joven, fue precisamente esto lo que sucedi el ltimo da del asedio de Arbocala. Su unidad estaba apostada en las inmediaciones del punto donde era ms probable que se abriera una brecha en las murallas. Mientras el ariete proceda metdicamente a su tarea destructora, Imco se protega la cabeza con el escudo para evitar las flechas que les disparaban desde arriba.

Sus ojos se volvan de un punto a otro con tal rapidez que apenas distingua lo que lo rodeaba, salvo las breves imgenes de objetos aislados: la trenza en la nuca del compaero que tena delante, el tatuaje en el hombro de otro soldado, su propio antebrazo levantado y la arteria pulsante que sobresala de l.

Los dems forcejeaban por mejorar su posicin, y cada uno buscaba el punto ptimo desde el que acceder a la muralla. Imco no comparta su inters; incluso habra preferido retirarse, pero la masa de cuerpos que tena detrs se lo impeda. Cuando la muralla se derrumb, la mayor parte de ella cay hacia dentro; sin embargo, durante unos instantes, un gran bloque de roca qued suspendido de la parte del muro que an segua en pie.

Imco fij la mirada en la roca, vindose la muerte encima. Pero el gran bloque se desvi al caer y aplast a los soldados situados a su izquierda. Al ver el dao sufrido por sus camaradas, los dems soldados corearon un grito al unsono. La ferocidad del alarido impuls a Imco a avanzar y, paso a paso, rode la gran roca y se encaram a la siguiente. Trastabillando, escal la pendiente de escombros, alcanz una gran losa de roca y, de repente, se encontr con que no poda seguir subiendo.

Su vista recogi por un 4 David A. Durham El orgullo de Cartago Anbal instante una panormica de la ciudad a sus pies y se dio cuenta de dnde se encontraba. Los defensores se agrupaban all abajo con sus corazas polvorientas, los ojos levantados hacia lo alto y empuando las armas. Aquel bosque de lanzas le pareci las pas de un gran erizo de mar. Detrs, los arqueros disparaban sus flechas.

Imco no senta el menor deseo de avanzar pero, si se vea obligado, al menos quera hacerlo en compaa. Levant una mano para sealar la facilidad de la ruta a los que venan detrs. Un gesto malaventurado. Una flecha le acert en la palma de la mano. La fuerza del impacto lanz su brazo hacia atrs y le hizo perder el equilibrio. Cay rodando por la pendiente entre las piernas de los hombres que suban tras l y, acto seguido, recibi patadas y golpes de todos ellos.

Alguien pis la flecha y sta se le clav an ms, lo que le provoc un dolor muy intenso que le recorri hasta la punta de los pies. Otro soldado le rompi dos costillas al apoyar la vara de la lanza sobre su pecho mientras pasaba por encima de l. Con todo, y no sin esfuerzo, el joven se puso en pie poco despus y alz la vista de los escombros para contemplar una ciudad conquistada.

Ms tarde, se enter de que haba sido el primer soldado en hollar la muralla de Arbocala. Al oficial que se lo comunic no se le escapaba que tal honor tena algo de cmico, pero eso no era asunto de su incumbencia. Por la noche, Imco bebi vino de la propia ciudad y se dio un atracn de tiras de venado y pan de los hornos iberos. El capitn de su compaa le envi a la tienda una joven que se mont a horcajadas sobre su cuerpo magullado y, al poco rato, lo llev al xtasis.

La mujer tena unos ojos grandes y lo miraba sin pestaear, sin mostrar emocin alguna. Con voz temblorosa, Imco le pregunt su nombre, pero ella ya haba cumplido con su trabajo y no quera saber nada ms de l. Apenas la muchacha haba abandonado la tienda, se present otro visitante. Llevaba la coraza ajustada de la infantera sobre una tnica oscura, de la que sobresalan sus brazos desnudos y destacaban los hombros robustos.

Aquel hombre de rostro moreno y ojos negros era hermoso de un modo que no tena nada de femenino. Imco no lo haba visto nunca, pero supo desde el primer momento que se trataba de un oficial. Se sonroj y se apresur a poner en orden la ropa de su jergn, pues tema recibir a tan destacada visita con una visin inconveniente.

As pues, eres t el que recibe los honores? Tal es tu ansia de la sangre de Arbocala? Jams lo habra pensado al verte, pero lo importante de un hombre es lo que lleva dentro. Cmo es que no he conocido tu nombre hasta hoy? Imco respondi, con toda la franqueza de que fue capaz, a esta y a las siguientes preguntas. Habl de los orgenes de su apellido, del tiempo que llevaba fuera de frica, de dnde y con quin haba realizado su instruccin, de lo mucho que echaba de menos a su padre y a sus hermanas, y confes que esperaba que su paga de soldado sirviera para aliviar la mala situacin familiar.

A los cinco minutos de conversacin, el muchacho casi haba olvidado la importancia de su interlocutor y lo David A. Durham El orgullo de Cartago Anbal tomaba por un teniente de campo de los que deban tratar a menudo con los soldados de a pie. El hombre lo escuch con mayor atencin y ms simpata de la que le haba mostrado nadie desde que dejara su casa; por eso, no se tom a mal que el oficial lo interrumpiera.

Disculpa, dices que tu familia es humilde? Las ratas en Iberia comen mejor que mi familia respondi el joven. Eso se acab. Mandar a mi secretario para qu tome nota de los particulares de tu familia. En honor a tu valenta, les har un pequeo regalo: una finca cerca de Cartago, con cien esclavos para trabajarla y los criados domsticos necesarios.

Aliviar eso sus penurias? El joven se haba quedado mudo, pero acert a asentir. Su interlocutor sonri y aadi: En el da de hoy has ayudado a terminar una tarea que despejar el camino para las grandes cosas que han de llegar. Luchars por m con la misma valenta en la prxima campaa? Imco asinti de nuevo, aunque la cabeza le daba vueltas. No acababa de entender muy bien a qu vena aquello, pero le haban hecho una pregunta y adivin que le convena responder afirmativamente.

Bien continu el oficial. Nuestro destino puede seguir muchos caminos, pero ninguno tan directo como la guerra, recurdalo. Nuestra vida siempre conduce a la muerte, Imco Vaca, los dioses no nos dan alternativa en esto. Pero al menos conservamos cierta influencia sobre cmo definimos nuestro tiempo de vida y, en ocasiones, una inspiracin nos impulsa a logros que no preveamos al principio.

Deberas reflexionar acerca de ello. El oficial se volvi, empuj el cobertor de la puerta de la tienda con el brazo y se detuvo all un instante a contemplar la noche. El destino no mueve murallas en nuestro favor sin algn motivo. Tras esto, el Hombre sali de la tienda y desapareci.

Slo en el transcurso de los minutos de silencio que siguieron Imco empez a ordenar sus pensamientos y a entender el significado de la conversacin. No fue de improviso, sino poco a poco, como cay en la cuenta de quin haba sido su interlocutor.

Hasta aquel encuentro, nunca haba estado lo bastante cerca de su comandante en jefe para verle la cara Su comandante, un hombre que tena el poder sobre la vida y la muerte de tantos y que era dueo de una fortuna incalculable; un soldado que, an no cumplidos los treinta, posea tal genio para la guerra que algunos decan que lo llevaba dentro de su cuerpo, junto a su corazn.

Anbal Barca. Cuando lo hubo asimilado, el joven llam al criado que le haban asignado y le pidi que trajera una jofaina, un cuenco, o algo, deprisa. La jornada haba acumulado una sorpresa tras otra y esta ltima, simplemente, era demasiado para l. Iba a vomitar. Haba viajado desde Saguntum, en la Iberia oriental, para pedir audiencia ante el Senado. Una vez concedida, un hombre llamado Gramini actu de portavoz. Se present a la cmara con expresin franca y abierta y con voz firme, aunque algo ceceante.

Los senadores tuvieron que alargar el cuello en sus escaos y fijarse en sus labios para entenderlo, algunos con las manos en los odos para captar mejor lo que deca mientras otros hacan muecas y bisbiseaban que el latn del individuo resultaba ininteligible. Con todo, al final qued claro lo sustancial de su alocucin, que se resuma en esto: los saguntinos tenan miedo. Teman por la existencia misma de la ciudad, que constitua una joya incrustada en una tierra spera, plagada de conflictos tribales y de agitacin.

Eran como ovejas ante un poderoso lobo al acecho. Y el nombre de la fiera no resultaba desconocido en la cmara, pues se trataba del siempre voraz Anbal Barca de Cartago, el hijo de Amlcar, enemigo declarado de Roma. El delegado explic que Roma haba descuidado Iberia en detrimento de la Repblica, que la potencia africana se haba aprovechado de ello para erigir all un imperio y que ste se haba convertido en un enemigo ms poderoso y temible de lo que lo haba sido en guerras anteriores.

Gramini, el saguntino, pregunt en voz alta si los romanos haban olvidado las lecciones de la historia. No recordaban el dao que les haba infligido Amlcar Barca durante la ltima guerra entre Roma y Cartago? Negaban acaso que Amlcar haba salido invicto y que el conflicto se haba decidido por errores de otros que l no poda corregir? Olvidaban que, despus de aquel revs, Amlcar no slo se haba impuesto a la revuelta mercenaria en su propio pas, sino que haba empezado a aduearse del territorio ibrico?

Gracias a l, los cartagineses se enriquecan an ms, y una gran fortuna en plata, esclavos y madera flua diariamente a las arcas de la metrpoli. Amlcar, gracias a la benevolencia de los dioses, haba muerto haca ya algunos aos, pero su yerno, Asdrbal el Bello, haba extendido an ms sus dominios y haba construido una ciudad-fortaleza en Cartago Nova.

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Anibal, El Orgullo De Cartago

David A. Protagonista indiscutible de las luchas entre romanos y cartagineses que tuvieron lugar en el siglo II a. Establecido en la pennsula Ibrica el lugar donde su padre forj el imperio cartagins, Anbal plane una campaa para atacar Roma con su ejrcito a travs de una complicada va terrestre. Esta novela reproduce paso por paso el devenir de una empresa pica; el recorrido, las batallas, las victorias y derrotas de un pueblo que se atrevi a desafiar a Roma, en lo que se conoce como la Segunda Guerra Pnica. Y al frente de cuyo ejrcito se encontraba un personaje fro y calculador, pero tambin apasionado y aventurero. Durham describe las batallas principales con profusin de detalles psicolgicos, militares y polticos y, entre combate y combate, nos brinda la oportunidad de conocer a diversas figuras histricas de los dos bandos en conflicto, as como a personajes de otras etnias y gentes que participaron en la guerra.

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Libro Anibal: El Orgullo De Cartago PDF

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